Cambia el sartén
Cierto día caminaba a orillas de un
rio, cuando a lo lejos vi a un hombre pescando con su caña de pescar. Mientras
me acercaba, observé cómo picaba un enorme pez que con mucho trabajo logró
sacar del agua, ¡Era un excelente pescado! sin embargo el hombre lo regresó al
agua.
Cuando estuve más cerca, noté que había
una pila de maderas acomodadas como para hacer una fogata y un sartén, por lo
que deduje que este hombre estaba pescando su comida. Enseguida vi como sacaba
otro gran pez del rio, pero lo volvió a regresar.
Intrigado, aceleré mi paso para
acercarme a aquel hombre y una vez que llegué al lugar donde se encontraba lo
saludé y le pregunté “¿Estás pescando tu comida?”
A lo que el hombre respondió: “así es”
“He visto que has logrado sacar dos
enormes peces del agua” dije, “pero si estas pescando tu comida, ¿por qué los
haz regresado al rio?”
“Bueno” respondió “esos
peces eran demasiado grandes para mi sartén”
Esta es una historia que una vez
escuché y hoy la quiero compartir en esta reflexión. A lo largo de nuestra vida
hemos aprendido muchísimas cosas, tanto en casa, como en la escuela y con las
personas que nos relacionamos cotidianamente. Hemos acumulado información sin
filtrarla, sin pararnos a distinguir lo que nos sirve de lo que no nos sirve,
lo que nos hace felices de lo que simplemente nos ayuda a sobrevivir.
Y generalmente llega un momento en que,
por las circunstancias que sean, empezamos a cuestionar ciertos aprendizajes.
Esto inicia, generalmente durante la etapa de la adolescencia, donde ponemos a
prueba lo aprendido y se sigue dando a
lo largo de nuestra vida en eventos como por ejemplo: un accidente, por una
enfermedad o por una experiencia dolorosa.
En el fondo sabemos que necesitamos
nueva información, nuevas fuentes de inspiración. Pero estamos tan
identificados con muchas de estas creencias que no nos atrevemos realmente
a cuestionar su eficacia y a preguntarnos qué hay de nosotros mismos. Y la
principal razón de esto es: El miedo.
El psiquiatra húngaro Thomas Szasz
dijo que “borrar un pensamiento requiere más de valentía que de inteligencia”.
Sin embargo, al mantener la creencia
vieja, no dará lugar a la nueva. Imaginemos por un momento que escribimos
palabras nuevas en un cuaderno encima de páginas ya escritas. En lugar de tener
un nuevo texto, lo que conseguiremos será una serie de garabatos ilegibles y
confusos que, lejos de ser una nueva información, nos impedirán la comprensión
y la lectura.
Jesús también lo explicó así:
"Nadie remienda un vestido viejo con un retazo de tela nueva. De hacerlo
así, el remiendo fruncirá el vestido y la rotura se hará peor. Ni echa nadie
vino nuevo en odres viejos. De hacerlo así, el vino hará reventar los odres y
se arruinarán tanto el vino como los odres. Más bien, el vino nuevo se echa en
odres nuevos." [San Marcos 2:21-22, La biblia]
La herencia que hemos recibido no es ni
buena ni mala, es la que nuestro entorno ha considerado adecuada para asegurar
nuestra supervivencia. Nos la ha trasmitido en forma de creencias y valores y
se espera de nosotros que demos continuidad a una forma concreta de vivir.
Por ello es necesario agradecer toda la
información recibida como recurso para la vida y valorar lo aprendido para
poder seguir creciendo. Al comprender la intención positiva de lo que nos enseñaron
es cuando entramos en contacto con nosotros mismos, dejamos de culpar y juzgar,
y estamos preparados para transformarlo.
Por lo tanto, mi invitación es a que
cada que me acerque a "nueva información" lo haga con apertura, con
una actitud de: ¿qué me puede aportar? en lugar de desecharlo porque "no
encaja con mi sistema de creencias." como lo dijo San Pablo:
"Examinadlo todo; retened lo bueno." La palabra griega que se traduce
como examinar, implica también una actitud positiva al momento realizar el examen.
Un cambio a nivel profundo, implica
comprender el origen de mi forma de entender el mundo y poco a poco poder ir
"deshaciendo" estas creencias. A esto lo llamamos aprender a
desaprender. O como en la historia: cambiar el sartén.

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