Súper poder 4: Los abrazos
Abrazos gratis. Eso decían nuestras camisetas. Así nos presentamos un grupo de amigos y yo
afuera de la expo (un lugar en Guadalajara donde se realizan exposiciones de
diversas índoles y por ende muy concurrido) donde se celebraba una expo de la
tercera edad.
Estábamos cumpliendo un reto que
nos habían impuesto y la experiencia fue ¡INCREÍBLE! Ver y escuchar las reacciones
de las personas fue muy reconfortante, recuerdo una señora mayor que me
agradeció tanto y me dijo: hacía años que no me abrazaban…
El acto de que nos abracen es
algo que todos recordamos desde bien pequeñitos. Lo primero que una mamá y un
papá hacen con un bebé cuando llega al mundo es precisamente eso, abrazarle.
El abrazar y ser abrazado es una
necesidad básica: abrazamos para calmar el dolor y el llanto, para demostrar
amor, para reconfortar ante un fracaso o una pérdida, para acoger la pena y la
tristeza, cuando llega una despedida, para agradecer y felicitar ante un logro
conseguido, etc…
El abrazo está tan presente en
nuestro día a día que muchísimas veces no somos conscientes de ello y nos
acostumbramos a él de tal forma que llega a perder su significado,
convirtiéndose en un acto mecanizado y automático. Pero es tan importante que es
uno de los sentidos más desarrollados que tienen los bebés y con el que
llegamos a este mundo. Sin el abrazo y el
contacto, el bebé muere.
Además de relajar y aliviar a
nivel emocional, el abrazo tiene otros muchos beneficios fisiológicos según la
revista “muy interesante”:
1. Completa nuestra necesidad de afecto. El afecto es una de las
necesidades básicas del ser humano, al igual que lo son las necesidades de
alimentación o de descanso, por ejemplo. Y el abrazo es una de las vías por las
que el afecto llega a nosotros.
2. Suma confianza y seguridad. El ser humano llega a este mundo libre
de odio y de egoísmo, pero también inexperto, inseguro, indefenso, frágil. El
contacto y los abrazaos nos aportan esa seguridad y confianza tan necesaria
para ir desarrollándonos para el correcto funcionamiento emocional.
3. Mejora nuestra Autoestima y nos anima. ¿Qué pasa cuando tengo un
mal día y me llega un abrazo inesperado? Mi estado de ánimo se eleva y me
siento mejor. Si lo crees, empieza a practicarlo.
4. Genera placer. De la misma manera que al comer chocolate nuestro
cerebro segrega hormonas relacionadas con el placer, en concreto dopamina y
serotonina, cuando nos abrazan o abrazamos ocurre exactamente lo mismo.
5. Disminuye el estrés. La hormonas que he citado en el apartado
anterior ejercen otra función en conjunto, la de reducir los niveles de estrés
generando tranquilidad, así que, otro de los beneficios del abrazo es
precisamente ese, la disminución del estrés.
6. Reduce la tensión arterial. Se ha comprobado que las personas
que tienen más contacto físico y reciben abrazos de forma habitual, tienen una
presión arterial más baja que las personas que no reciben abrazos de forma
habitual.
Disfrutémoslos a diario y seamos
generosos con ellos: los abrazos curan, reconfortan y no necesitan palabras. Abrazar es el lenguaje del corazón.

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